miércoles, 26 de noviembre de 2014

Amor

El amor

El amor es el principio y fuente creadora, porque el hombre
fue creado por amor y para el amor. Todas las manifestaciones del ser humano hacen patente esta tendencia: el amor es lo que identifica a la persona, la capacidad de amar es exclusiva del ser humano.
El vínculo entre las personas debe ser el amor, el principio interior, la fuerza permanente y la meta última para vivir, crecer y perfeccionarse.
Esta podría parecer una postura ideal o muy utópica en los convulsionados tiempos en los que vivimos; sin embargo es muy importante recordar también que aunque el amor es el motor que impulsa la unión del hombre y la mujer en el matrimonio, y por ende, el nacimiento de una familia, es la voluntad, el mutuo consentimiento del varón y mujer, sobre lo que se funda el matrimonio, estableciendo un vínculo.
Para realmente amar hay que conocer qué es el amor. En tanto descubramos su profundidad, creceremos más en la capacidad de amar.


El amor es la dinámica esencial del ser humano.

El amor es la única razón que justifica la existencia de todos y cada uno. El universo entero se creó por amor.
El amor es el acto supremo de la libertad, la actividad reciamente humana por la que una persona elige y realiza el bien del otro.

Es dinámica, pues abarca diferentes etapas, se expresa en todos los ámbitos de la personalidad humana y a lo largo de toda nuestra vida.

Requisitos para el amor auténtico:

1. Querer amar, como un acto de voluntad humana. No por
conveniencia o porque me gusta, me apetece o me interesa.

2. Buscar el bien de la otra persona, lo que la hace feliz y la perfecciona. Buscar el bien del otro precisamente en cuanto al otro, no por mí, sino desde mí para el otro, tal cómo es.

 Elementos que se dan en el amor:

a) Corroborar en el ser.
 Es el principio de todo amor de amistad, del amor verdadero. El amor tiene la virtud de “hacer real” a la persona que amamos, no nos es indiferente, nos importa por encima de todas las cosas; es más, su realidad llega a ser nuestra propia realidad. (“Deseo con todas las fuerzas de mi alma que existas”. “¡Qué maravilla que hayas sido creado!”).

b) Deseo de plenitud.
 El amor no sólo aspira a que el ser querido viva, sino que viva bien, que llegue a su plenitud, que alcance su perfección.
El egoísta es incapaz de amar. La madurez afectiva amplía la capacidad de amar, de salir del “vivir para mí” y alcanzar un “vivir para ti”.

c) Entrega.
 Es la culminación del amor; el que verdaderamente ama se da en la donación total de sí mismo con y desde nuestro propio ser. Esto implica superar nuestros propios instintos y conquistar así la propia plenitud como persona. El hombre es la única criatura que Dios ha amado por sí misma y no puede encontrar su propia plenitud sino en la entrega de sí mismo a los demás.

 La reciprocidad en el amor

Lo primero que siente quien ama que es la aprobación de sí mismo. Sabe que es alguien que tiene una misión insustituible y lo mismo pasa con el que se sabe querido, ya que comprueba que existe, que su existencia no es vana. (“Tu me haces ser, te necesito para ser yo”).
Requerimos de las personas para que refrenden nuestra existencia. Al sentirme amado, soy capaz de dar vida a mis capacidades. Empujado por el amor del que me quiere, lograré ser quien soy. (“Por esto te quiero y necesito ser amado”).

En este instante entra en juego la libertad para corresponder o no al amor, y aceptar las exigencias de sentirse querido.







Comentario: 
El amor es la fuente de todos los valores, pues si yo no tengo amor no busco el bien de los demás. El ser humano es  una creación de amor y ha sido hecho para amar y ser amado.


Video: Amor





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